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La competitividad cambiaria de la lechería argentina descendió al nivel vigente a fines de 2015

Indicador clave para comprender la situación del sector exportador.
La competitividad cambiaria de la lechería argentina descendió al nivel vigente a fines de 2015

A comienzos del presente año el gobierno nacional incrementó los reintegros a las exportaciones de productos agroindustriales con el propósito de mejorar la competitividad de las mismas. En el caso de los lácteos se instrumentaron reintegros del 3,0% para la leche en polvo entera, 4,5% para la manteca y 5,0% para quesos y lactosuero, entre otros alimentos.

Sin embargo, el progresivo crecimiento de la inflación –una herencia de la gestión anterior– contribuye a licuar la competitividad cambiaria de las exportaciones agroindustriales en general y lácteas en particular.

En este gráfico puede verse la evolución de la competitividad cambiaria del sector exportador argentino de leche en polvo entera (principal producto lácteo de exportación local) a través del indicador del “Tipo de Cambio Real Multilateral Competidor LPE” de Argentina, el cual refleja los valores –ajustados por la inflación de cada nación– del peso argentino con relación a las monedas de las principales naciones exportadores de LPE. También incluye el “Tipo de Cambio Real Multilateral Competidor Efectivo” (TCRMce) que considera los reintegros a la exportación.

“Nueva Zelanda es el principal exportador mundial de leche en polvo entera con el 55% del mercado global en 2015; consecuentemente, el país tiene una ponderación del 55% en el índice base 2015, el cual varía año a año según la evolución de su participación en el mercado (market share)”, explicó el técnico del Área de Economía del Movimiento CREA Santiago Giraud, en un artículo publicado en la edición de mayo de la Revista CREA. El resto de los países que participan del índice son Países Bajos, Australia, EE.UU. y Uruguay, entre otros.

“Como Nueva Zelanda tiene una influencia relevante en la competitividad cambiaria del sector, en función de su elevada participación en el mercado, la evolución del dólar neozelandés es una variable muy significativa  dentro del índice”, añadió Giraud.

Al observar la evolución reciente del TCRMc, puede apreciarse un pico de ganancia de competitividad cambiaria alrededor de febrero de 2016, el cual se explica por la unificación y “sinceramiento” cambiario instrumentado en diciembre de 2015 por el gobierno de Mauricio Macri luego del “cepo” aplicado por la gestión de Cristina Fernández de Kirchner.

Sin embargo, posteriormente se registra un progresivo deterioro de la competitividad cambiaria a causa de la estabilización del tipo de cambio nominal (en torno a la franja de entre 15 a 16 $/u$s en el marco de una inflación elevada.

“Imaginemos a un exportador de leche en polvo argentino y otro neozelandés. En ambos países el tipo de cambio frente al dólar permanece estable, pero en la Argentina la inflación ronda el 25% anual, mientras que en Nueva Zelanda es del 1%. Dado este escenario, la producción Argentina medida en dólares se va a encarecer un 25%, mientras que la Nueva Zelanda solo 1%”, afirmó Giraud.

“Así, al tener nuestro país una inflación más alta que nuestros competidores, si el tipo de cambio no sube acompañando esa dinámica, se da un proceso en el cual el producto lácteo argentino se encarece con relación a sus pares del resto del mundo. Esto es justamente lo que se observa, con gran intensidad, desde mediados 2014 hasta la salida del cepo, cuando la evolución del dólar fue muy por detrás de la variación de los precios”, agregó.

Esa dinámica desde la salida del cepo se dio, además, en el contexto de una importante apreciación del dólar neozelandés respecto al dólar estadounidense (contribuyendo a morigerar la pérdida de competitividad para la Argentina).

“Un riesgo para la competitividad cambiaria del sector es una eventual depreciación del dólar neozelandés, en la medida que la continuidad de la apreciación no puede darse por garantizada. De hecho, entre marzo de 2014 y septiembre de 2015 la moneda neozelandesa se depreció 30%, siendo otro elemento adicional que presionó a la baja la competitividad relativa cambiaria de nuestro país en ese período”, alertó el técnico CREA.

Si al análisis se incorpora el peso de los reintegros a las exportaciones vigentes (índice TCRMce), la pérdida relativa de competitividad cambiaria es menos pronunciada. “En cualquier caso, esos niveles son similares a los de principios de 2015, que eran a su vez un 34% menores a los vigentes en 2011, por lo que no puede decirse que el indicador tenga valores altos en términos históricos”, señaló el técnico CREA.

El artículo completo puede leerse en la edición de mayo de la Revista CREA.

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