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Un momento de inflexión para la industria argentina de biocombustibles

Análisis del director Ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno.
Un momento de inflexión para la industria argentina de biocombustibles

La industria argentina de biodiesel tiene una capacidad de producción de alrededor de 4,4 millones de toneladas anuales. En 2017 se había utilizado alrededor del 65% de ese total con una producción de 2,871 millones de toneladas, de las cuales 1,65 millones se destinaron al mercado externo. Pero en 2018 la producción será menor –hasta un 20% por debajo respecto de los registros del año anterior–debido a tres factores.

Uno. La sanción arbitraria, de carácter proteccionista, aplicada en el segundo semestre de 2017 por el Departamento de Comercio de EEUU., instrumentada a través de la aplicación de derechos compensatorios por antidumping y antisubsidio, de alrededor de un 140%, que cerró técnicamente ese mercado para nuestras exportaciones (el cual el año pasado representó alrededor del 90% de la exportación total).

Dos. Los tres aumentos de derechos de exportación establecidos por decretos presidenciales, con vigencia desde enero, julio y setiembre pasado, que llevaron la alícuota desde un 0% hasta la actual superior al 23% (efectiva), que afectaron significativamente la estructura de costos de la industria, debilitando su competitividad.

Tres. La incertidumbre causada por una investigación de corte netamente proteccionista que está en curso, llevada a cabo por la Unión Europea (UE) sobre las exportaciones de biodiesel argentino a dicho destino, que podría derivar muy pronto en la aplicación de derechos compensatorios antidumping y por ello reduce los negocios actuales. El mercado europeo se había reabierto en agosto del año pasado, luego estar técnicamente cerrado por alrededor de cuatro años, como consecuencia de la aplicación por parte de la Comisión Europea de derechos compensatorios antidumping; estos fueron reducidos y más tarde eliminados a partir de un dictamen de la OMC favorable a nuestro país, en un panel abierto al respecto a pedido de nuestra Cancillería, más una sentencia también favorable del Tribunal Superior de Justicia de la UE, con sede en Luxemburgo, en una causa iniciada por la industria local.

La Secretaría de Energía de la Nación tiene en carpeta ordenar la normativa actual, para despejar dudas sobre la posibilidad de comercializar biodiesel por afuera del mandato de corte establecido por el artículo 7 de la Ley 26.093. En este sentido, se busca incentivar cortes voluntarios por encima del actual 10% de contenido de biodiesel, incluso por arriba del 20%.

Sin embargo, planea también enviar un proyecto de ley al Congreso de la Nación para que se sancione una enmienda a la Ley 23.966 T.O., Título III, Capítulo 1, incorporando al biodiesel comercializado por encima del corte obligatorio, tanto puro como mezclado, al hecho imponible del Impuesto a los Combustibles (recordemos que en la reforma tributaria establecida por Ley 27.430 en diciembre pasado, por iniciativa del propio gobierno nacional, el biodiesel quedó totalmente desgravado no sólo en lo referente al impuesto de ese capítulo, sino también en el Impuesto al Dióxido de Carbono, establecido en el Capítulo 2 de ese título). De prosperar dicho proyecto, se cambiarían las relaciones actuales entre la alícuota correspondiente al tramo de impuesto específico a los combustibles líquidos y el tramo específico de impuesto al carbono, quedando el biodiesel gravado en el primer tramo –con una alícuota menor a la del gasoil, debido a su inferior poder calorífico– y desgravado del segundo tramo. Dicha medida podría establecerse con otras regulaciones que procuran establecer mayor competencia en el mercado interno.

El impacto real sobre la demanda proyectada es muy incierto, dado que no siempre el precio del biodiesel es competitivo frente a la paridad de importación del gasoil ni al precio de este combustible fijado por las refinadoras de petróleo en el mercado interno. Por lo tanto, el éxito de un plan como el antes mencionado dependerá del nivel de dicha diferencia de precios a favor del combustible biológico en un futuro, de la disponibilidad de una logística adecuada y del grado de utilización que hagan de esta opción, las compañías petroleras que operan en el downstream, entre otras cuestiones. Aunque a priori parece que será difícil obtener una diferencia atractiva para este producto, toda vez que pase a estar gravado por el Impuesto a los Combustibles. Más aún cuando tendrá que competir activamente en un segmento de libre mercado, frente a otros combustibles alternativos que están desgravados, como el GNC, el GLP y el GNL.

Otra cuestión sensible está vinculada a la utilización de biodiesel en la generación eléctrica, segmento de demanda que está obligada por la legislación vigente a incorporarlo en mezclas con gasoil de un mínimo del 10% de aquél, salvo que se demostraran contundentes problemas técnicos. Hasta el momento, esta obligación no se viene cumpliendo y no parece que tal situación se revierta a corto plazo.

El gasoil grado III se seguirá comercializando con un contenido de biodiesel del 10 % (B10). Resulta muy importante destacar el ensayo denominado Bio Bus, llevado adelante desde el tercer cuatrimestre de este año por el gobierno de la provincia de Santa Fe con las empresas de colectivos urbanos de su propiedad, SEMTUR y La Mixta, que circulan en la ciudad de Rosario, por el cual se está usando un corte de gasoil con un 25% de biodiesel (B25) en el grueso del parque automotor de ambas empresas –cerca de trescientas unidades– y biodiesel puro en tres unidades.

En esa misma línea, hay que resaltar también que a partir del presente mes de diciembre comenzaron los ensayos de uso de biodiesel puro en dos unidades de transporte automotor de pasajeros que circulan en la ciudad de Buenos Aires (CABA), pertenecientes a las líneas 132 y 91, propiedad de dos grupos empresarios de los más importantes de dicha jurisdicción. Se trata de una unidad de la marca Scania y otra Agrale, esta última con motor Cummins.

En lo que respecta a bioetanol, la capacidad instalada de la industria argentina de este biocombustible es del orden de 1,3 millones de metros cúbicos anuales, computando algunas ampliaciones de planta en curso. La misma puede aumentar hasta un 10% a corto plazo. El año pasado la utilización de dicha capacidad fue del orden de un 90%, registrándose una producción y consumo interno de bioetanol del orden de 1,1 millones de metros cúbicos. Las exportaciones de bioetanol no son significativas hasta el momento.

El consumo interno podría aumentar levemente este año –no más de 2%– en cumplimiento del mandato de corte vigente de un 12% de bioetanol en las naftas (E12). La Secretaría de Energía tiene en carpeta a corto plazo ordenar la normativa, como en el caso del biodiesel, para que no queden dudas sobre la posibilidad de utilizar bioetanol puro o anhidro con independencia del corte obligatorio establecido en el artículo 8 de la Ley 26.093, implementando en el país un programa tendiente a aumentar el uso de bioetanol, el que podría tener algunas similitudes al programa Flex Fuel de Brasil. En Argentina podría aumentar el corte de naftas con bioetanol anhidro hasta un 27,5 % (E27,5) en paralelo con la incorporación de bioetanol puro –en principio, a diferencia de Brasil sería anhidro– y la homologación del uso de vehículos con motores Flex Fuel. Pero dicho aumento sería optativo por encima del corte obligatorio del 12%.

Además, y al igual que en el caso del biodiesel, el gobierno nacional incluiría en el proyecto de ley que tiene previsto enviar al Congreso la gravabilidad del bioetanol, puro o en mezclas, por la porción de uso voluntario que supere el contenido obligatorio de dicho combustible biológico en las naftas. El éxito de ese plan, como en caso del biodiesel, estará condicionado por el diferencial de precios que tenga a su favor el bioetanol frente a las naftas, por la efectividad de las facilidades logísticas existentes, por la adopción de esta operatoria por parte de las compañías petroleras que operan en el downstream, etcétera.

La competencia del bioetanol con combustibles alternativos como el GNC será otro factor que limita su desarrollo, toda vez que no exista un aumento del corte obligatorio actual. Y además siempre dependerá del precio relativo comparado a la paridad de importación de la nafta mineral, como así también del precio fijado por las refinadoras de petróleo en el mercado interno, considerando especialmente que en los últimos meses se ha producido una gran baja del precio del petróleo y sus derivados en el mercado interno, que complica muchísimo las posibilidades de uso voluntario del bioetanol.

En caso de avanzar hacia un mayor uso interno de bioetanol, resultaría fundamental mantener por varios años un surtidor de respaldo con E12 en las bocas de expendio de combustibles para atender la demanda de los vehículos más antiguos y efectuar cambios en el marco regulatorio vigente, de manera que este programa tenga seguridad jurídica, se aliente el remplazo de las unidades más antiguas e incentivando las inversiones requeridas a lo largo de toda la cadena de valor (fundamentalmente en logística).

Es imperioso lograr que un eventual programa Flex Fuel en Argentina sea ecuánime, respetando los derechos adquiridos de todos los productores de bioetanol que operan actualmente y atendiendo con sus incentivos no sólo a la producción, sino a las actividades de mezclado, transporte, almacenamiento, expendio en estaciones de servicio y a los consumidores –por ejemplo, reinstalando el Plan Canje Automotor implementado en 1995 y en 1999– y eligiendo propuestas eficientes para convertir en competitivas las ventajas comparativas que presenta nuestro país en la materia.

En un momento en que el Ministerio de Hacienda y Finanzas está abocado a reducir el déficit fiscal existente, tomó nuevo impulso la cuestión del costo fiscal de la política de biocombustibles. La industria argentina exportadora de biodiesel se encuentra casi parada e intenta operar activamente en el mercado interno ante la imposibilidad de atender los mercados externos, debido a los altos derechos de exportación impuestos por el gobierno nacional, como así también por las sanciones existentes en EE.UU. y las posibles sanciones que aplicaría la UE.

La industria argentina de bioetanol tiene en carpeta importantes inversiones, las que están sujetas para su concreción a la presentación de un programa de corto, mediano y largo plazo sólido por parte de la Secretaría de Energía.

Todo indica que el momento actual es de transición y que se producirán prontas novedades que impactarán sobre el desarrollo de los biocombustibles en la Argentina.

A la luz de los problemas que están asociados al uso de combustibles minerales, parece poco probable que aumente significativamente y con cierta rapidez el uso de biocombustibles en Argentina si no se establece un aumento del contenido obligatorio de los mismos en corte con aquellos sobre los niveles actuales del 10% para el biodiesel y 12% para el bioetanol. Pero no está en carpeta del gobierno nacional, a corto plazo, que eso ocurra, aunque, claro está, resulta oportuno y muy importante que pueda rever esa decisión.

Algunos adversarios de los biocombustibles sostienen que los mismos no son beneficiosos para la sociedad y que el aporte en materia de reducción de gases efecto invernadero debe ser efectuado a través del desarrollo de energía eólica y solar, a través de las cuales se puede compensar perfectamente lo que se pierde dejando de usar biocombustibles. Esta postura es engañosa y parcial, ya que las emisiones contaminantes de los combustibles de origen mineral no sólo afectan al ambiente, sino también a la salud, siendo responsables en algunos casos de serias enfermedades, según lo dictaminado por la Organización Mundial de la Salud, problemas que se resolverían, en buena medida, a través del uso de biocombustibles.

Por el lado fiscal, lamentablemente siempre el análisis de los costos asociados al programa de biocombustibles se efectúa de forma estática y no dinámica, justipreciando todo el impacto que genera en la economía nacional el mayor uso de los biocombustibles.

Ante el nuevo paradigma energético que implica el cumplimiento de los compromisos que asumieron los países en la reciente COP21 de París, el desarrollo de las energías renovables en general y de los biocombustibles en particular es inexorable, debiendo ser sostenido este proceso, con el mantenimiento de reglas de juego claras, a largo plazo.

Claudio Molina

Director Ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno

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