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El Covid-19 desnudó la hipertrofia demográfica argentina: un problema que puede ser una oportunidad

La importancia de la gestión territorial.
El Covid-19 desnudó la hipertrofia demográfica argentina: un problema que puede ser una oportunidad

Nunca comulgué con el juicio “toda crisis (económica) es una oportunidad” porque deja afuera muchos aspectos de la realidad, por tener una mirada muy micro y, principalmente, por el sufrimiento que implica para el conjunto de la población.

En la Argentina cada crisis expulsa masas enteras de población y esa expulsión se produce tanto en el plano de la destrucción de las condiciones de vida más elementales como en el de la expulsión territorial. Es bien conocido el hecho de que esas destrucciones provocan migraciones internas que sobre-exigen, incluso hasta el colapso, las redes alimentarias, sanitarias, habitacionales y educativas, entre otras.

Puede decirse que Argentina creció, se desarrolló e integró al mundo cuando las políticas demográficas y poblacionales fueron parte de las políticas públicas para el desarrollo nacional. La población juega un rol importante en el desarrollo de un país, articula territorios, es motor de la iniciativa privada, genera presencia territorial y es un factor clave para la soberanía de una Nación.

La teoría del desarrollo sostenible no mira únicamente el crecimiento económico, aunque por estos pagos sea lo único importante, sino también las condiciones en las que este se produce y distribuye equitativamente en la sociedad. En este instante, existen extensos tramos territoriales y de población que están completamente ausentes de la actividad socioeconómica y que, para que se verifique un desarrollo sostenible, necesitan ser incorporados a la realidad nacional.

No es casual que países con grandes “vacíos territoriales” y una distribución heterogénea de la población tengan mayor pobreza y desigualdad.

El mundo tiene unos 7500 millones de habitantes y una densidad poblacional de 55 habitantes/km2 y Argentina tiene una densidad de menos de 15 hab/km2. Solamente 16 países en el mundo (de un total de 235) tienen densidades poblacionales inferiores a la nuestra, la mayoría de los cuales tiene vastas regiones de su territorio consideradas inhóspitas y/o cuestiones étnicas y/o estructurales que hacen dificultoso el establecimiento de poblaciones. Entiendo que esto no sucede en nuestro país.

Representación gráfica de la hipertrofia demográfica argentina. World Mapper

Asimismo, 14 de las 24 provincias argentinas son “desiertos demográficos”. Por ejemplo: la provincia del Chaco tiene la misma densidad poblacional que Rusia y la provincia de Entre Ríos tiene la densidad de Arabia Saudita.

Para países como el nuestro con bajas densidades poblacionales, existe una relación positiva entre crecimiento poblacional y desarrollo económico. Así como el capital y el flujo de inversiones para un país son fuentes de crecimiento y desarrollo, lo mismo ocurre con la población y su productividad del trabajo; son factores productivos y, como tales, fuente de crecimiento.

Es bien conocido que la baja productividad del trabajo es la principal razón de las bajas tasas de crecimiento del país y que, aún practicando políticas redistributivas como las que se verificaron en los últimos veinte años para paliar la pobreza, las mejoras en el desarrollo y en el bienestar de la población son mínimos y para la mayoría de nosotros no son éticamente suficientes. Debemos buscar soluciones más creativas y menos voluntaristas que corear “hay que bajar el gasto” y/o aumentar la producción, y una de ellas es utilizar la demografía y la geopolítica para reconfigurar territorialmente nuestro país.

La actual configuración territorial es la raíz de nuestros problemas. La localización de la población en la zona de influencia de la ciudad de Buenos Aires, sumado a limitantes de infraestructura y logística del país, han hecho que el desarrollo ocurra principalmente en esa área, restringiendo las posibilidades de integración productiva del resto del territorio nacional, generando así restricciones para la expansión de otras regiones, la calidad de vida de su población y su potencial productivo.

Para que el desarrollo se convierta en un proceso sostenible y sostenido en el tiempo, es necesario que dicha expansión se produzca en un contexto de equidad social. Tal condición implica la incorporación efectiva y progresiva del conjunto de individuos que conforman la sociedad al territorio en el cual viven y la satisfacción adecuada de sus necesidades de salud, educación y capacitación, requisitos básicos para la potencialidad de las personas.

Para lograr los objetivos de crecimiento y desarrollo es necesario concentrar la política pública en atacar las causas que producen y reproducen la pobreza y la mala distribución de la población es uno de ellos. Debemos trabajar un programa que despueble el AMBA y recoloque población en otras zonas de nuestro país, ya que con un crecimiento poblacional del 1% y la economía decreciendo, la concentración poblacional en esa zona va a agravarse. Y eso es algo más que –aunque pueda resultar necesario– proponer el traslado de la capital; son aspectos que, por sí mismo, el mercado no puede resolver.

Nuestro país tiene 6.2 millones de trabajadores en relación de dependencia en la actividad privada, 3.1 millones de trabajadores en el sector público, 2.3 millones de cuentapropistas y unos 4.2 millones de trabajadores no registrados. A estos datos hay que agregarle 1.1 millones de jóvenes “nini”. Además, esa distribución es promedio país, dado que existen enormes dispersiones en algunas regiones.

Argentina cuenta con alrededor de 17 millones de consumidores, aun teniendo todos ellos una capacidad económica alta, no pueden ser considerado un mercado interno dinámico y es necesario buscar otros motores económicos. La informalidad laboral es la manifestación más directa del empleo de baja calidad y del límite que encuentra la estructura socioeconómica vigente. La reconversión de esta estructura social y económica tan centralizada y con tan baja productividad es el gran desafío que tienen por delante el Estado y la sociedad para la promoción de empleos de mejor calidad como herramientas para el combate a la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad.

Está ampliamente estudiado que el esfuerzo presupuestario que deben hacer los Estados, sean nacionales, provinciales o municipales, para sostener a la población con los derechos humanos mínimos planteados por las Constituciones, los organismos multilaterales y de Derechos Humanos aumentan más que proporcionalmente a partir de los 3.0 millones de habitantes.

A modo de ejemplo, ciudades como Venado Tuerto y Bahía Blanca con 80.000 y 300.000 habitantes, respectivamente, tienen un presupuesto per cápita cercano a los 500 dólares por habitante/año, mientras que megalópolis tales como Buenos Aires o Rio de Janeiro se acercan a los 3000 dólares habitante/año. Y aun con tales esfuerzos para el erario público, se registran desigualdades muy profundas. Sostener población en ciudades grandes cuesta entre tres y siete veces más que hacerlo en ciudades chicas o en la ruralidad. En nuestro país, muchas de estas localidades tienen capacidad y posibilidades para recibir población en el marco de un plan.

Debe pensarse en un Estado con un rol muy activo y de gran participación en la vida social, no como único y mero agente financiero de este proceso, sino diseñando y ejecutando un programa de migraciones internas que brinde las condiciones mínimas que permitan su relocalización. El mercado no va a integrar y desarrollar las regiones o territorios postergados o de pocas ventajas de la Argentina, aunque eso no significa la vuelta a un Estado empresario.

Entrado el siglo XXI seguimos teniendo los mismos problemas que en el siglo XIX. Es hora de que la geopolítica y la demografía entren en el diseño y la ejecución de las políticas publicas argentinas.

El Covid-19 no ha hecho más que desnudar nuestra hipertrofia demográfica. Llegó la oportunidad para pensar un país con mayor equidad territorial y equidad social.

Patricio Quinos. Coordinador nacional del programa Cambio Rural

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