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La producción agropecuaria argentina en el país de las maravillas

La producción agropecuaria argentina en el país de las maravillas

En nuestro eterno loop productivo, podríamos reescribir una alegoría entre la producción  agropecuaria argentina de las últimas décadas y la obra literaria “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas”, cuento infantil que relata la historia de una niña llamada Alicia (de ahora en más el empresario agropecuario) y su viaje en un mundo imaginario y fantástico cuando entra al centro de la tierra y, en un cuarto sin salida aparente, come, bebe, se encoge y se agiganta para luego viajar hasta el mundo de las maravillas.

La primera parte del libro se enfoca en la desorientación de Alicia en ese mundo fantástico y sus difíciles personajes como, por ejemplo, cuando se encuentra con la Oruga, cuya lógica no comprende (representado por el Estado en sus tres niveles), el desprecio de la Duquesa (usen su imaginación), un gato que desaparece y aparece cuando quiere (la pseudo oposición, las instituciones gremiales del sector y miembros afines) y el encuentro para tomar el té con personajes estrambóticos (como los que habitan en la onírica realidad pública argentina).

Como Alicia, el empresario agropecuario argentino parece estar atravesando un viaje por un mundo imaginario, convulsionado por la pandemia, su impacto en la economía, los riesgos de reinfección y la esperanza de una vacuna, trabajado a ciegas y apasionadamente por su negocio, que es también su manera de entender la vida, e intentando vislumbrar cualquier atisbo de lógica cuando es bombardeado diariamente con mensajes que intentan convencerlo de que:

“Los productores están comprometidos con cultivar el suelo argentino”. Señores, los productores argentinos están comprometidos con la necesidad de sobrevivir y hacer que su empresa puede atravesar el escenario de crisis perpetua. De esa subsistencia dependen no sólo nuestras familias, sino la de los empleados, clientes, proveedores, entidades bancarias y, finalmente, el extenso, vasto e irreductible Estado argentino. En este contexto incierto, los empresarios agropecuarios ajustaremos  nuestros costos para poder seguir haciendo lo que mejor sabemos: producir.

“Un nuevo récord de producción de maíz con insumos que están siendo reservados para augurarnos una buen voluntad de siembra en esta campaña”. La mayor parte de la compra de insumos para la gruesa 2020/21 se adelantó con creces ante la necesidad de desprenderse de los pesos o bien para aprovechar las oportunidades de financiamiento en pesos ofrecidas en su momento por los bancos, a quiénes también se les queman los pesos en las manos. Tuvimos que hacernos expertos en macroeconomía y finanzas para poder surfear en las olas de desatinos de los políticos de turno. La prueba irrefutable de que el empresario agropecuario argentino es eficiente es que sigue vivo. Traigan a un brasileño o un estadounidense –no hablar de un europeo– para ver cuánto puede llegar a durar aquí.

“Sustitución de importaciones para preservar las divisas”. El archi conocido curro de tener mercado cautivo para comprar basura a precios siderales. Pero, con las restricciones cambiarias implementadas por el Banco Central (BCRA), nos vamos enterando que hay muchísimas cosas que no se producen en el país, como las cubiertas de tractores, que no se consiguen, o se consiguen con supuestos 45 días de espera, aguardando con impaciencia que ese día finalmente llegue para no tener que sacar del galpón el arado a caballo Rudolf and Sach que trajo el bisabuelo de Europa, cuando le prometieron que ésta, nuestra Argentina, era la tierra de la esperanza y así, en algún momento, pasamos de ser el “granero del mundo” a la “factoría de China”, quien quiere comprarnos poroto de soja sin procesar y cortes bovinos baratos, sin identificación de origen, que se emplean para realizar guisos, y que usa la excusa del Covid-19 para restringir circunstancialmente la cantidad de proveedores.

“La situación comparada con años pasado está mejorando en el sector que produce”. Seguramente. Ya no debemos lidiar con tasas de interés imposibles del orden del 80%. Pero en el gráfico de precios de nuestro capital hacienda es como el resultado de un electro cardiograma. Además, si bien hoy los precios son mejores en términos nominales (producto, en buena medida, de que la hacienda se transformo en un refugio de valor), medidos en dólares reales se pulverizaron, mientras que en dólares ficticios estamos bien.

“Volver a cierta ruralidad”. ¿A la ruralidad que en sucesivas décadas los unos y los otros se dedicaron a destruir? ¿A la que se construye con esfuerzo en un territorio en el cual, nos dicen, el mérito no es importante? ¿En la que, sin disponer de autopistas, se destruyó el ferrocarril para incomunicar vastas regiones productivas con las grandes ciudades y terminales portuarias, dejando a muchas empresas y personas libradas a su suerte, condenadas a implementar, en muchos casos, planteos extractivos para evitar quedar fuera de juego, condenando a muchos a migrar hacia los bordes de las ciudades para vivir hacinados y eternamente subsidiados, con la moral y los valores destrozados, reducidos a meros aportantes de votos? Los pueblos del interior perdieron habitantes, se transformaron en fantasmas de un pasado próspero y de un futuro que no fue.

“Soberanía alimentaria», grita el pregonero, mientras milita plantines de lechuga en un país que, a pesar de los tropezones, produce alimentos para exportarlos a todos los continentes del orbe.

En la segunda parte del libro, Alicia ya está más familiarizada con ese mundo y puede entonces mostrar su carácter para enfrentarse con sus absurdos personajes. Porque los empresarios agropecuarios, así  como se nos rompe el corazón en pedacitos cuando vemos morir una vaca o perdemos una cosecha, también nos llenamos de esperanza cuando sembramos la tierra o vemos nacer un ternero; esperanza de que un día dejemos de vivir de fantasías para comenzar a trabajar con bases sólidas para poder atender los cambios trascendentales que vienen en camino.

Virginia Buyatti. Empresaria ganadera del norte de Santa Fe

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